Por: Javier Fuentes
El año 1844 marcó un punto de inflexión tanto en la historia religiosa
como en la política del continente americano.
Esto porque mientras el movimiento adventista enfrentaba el “Gran
Chasco”; tras la fallida predicción del regreso de Cristo.
En la Isla La Española, Juan Pablo Duarte y Los Trinitarios proclamaron la
Independencia de la República Dominicana de Haití.
Aunque a primera vista estos eventos parecen inconexos, ambos revelan
una lucha espiritual y terrenal por la verdad, la libertad y la redención.
No voy a profundizar en la numerología bíblica, en cuanto a la fecha, pero
sí explicaré, para los fines de este artículo, que el número 1 simboliza a
Dios, la unidad, el principio y la soberanía divina.
El 8 representa la resurrección, la regeneración y un nuevo
—circuncisión— comienzo.
En la Biblia, el número 8 es asociado con la renovación y la vida eterna.
El número 4 aparece dos veces, lo que intensifica su significado de la
creación terrenal y la universalidad. (Gen. 1:4 y 4:1)
Hay que puntualizar que 1844 fue el año de origen de grandes sistemas
económicos e ideológicos; doctrinas teológicas heréticas, y de religiones
ocultistas en América y Europa.
Y sin irnos muy lejos dejaré algunos ejemplos para la comprensión de mis
lectores.
El 1844 Significado sociopolítico religioso
Karl Marx y Friedrich Engels comenzaron a desarrollar las bases del
socialismo científico alrededor de este tiempo.
En 1844, Marx escribió los Manuscritos Económico-Filosóficos del
Marxismo.
También vemos el surgimiento de diversos movimientos nacionalistas,
liberales de derecha y anarquistas de izquierda —Mijaíl Bakunin— que
estaban en crecimiento especialmente en Europa.
La Revolución Industrial mostró la creciente desigualdad económica e
impulsó demandas de reformas políticas y sociales. Que ayudaron al
desarrollo de teorías sobre el capitalismo moderno y sus efectos.
Con la expansión industrial, economistas como David Ricardo (1823) y
John Stuart Mill (1873), Ludwig Feuerbach, Thomas Carlyle, entre otros,
continuaron influyendo en el desarrollo del liberalismo económico y las
teorías del libre mercado.
En lo religioso-esotérico en 1844, El Báb proclamó ser el precursor de una
nueva revelación divina en Persia (actual Irán), lo que dio origen a la Fe
Bahá’í.
Por tanto es a partir de ese año que crecen y se desarrollan movimientos
como: Espiritismo (Éliphas Lévi) Teosofía (Helena Blavatsky) Movimiento,
Transcendentalista (Margaret Fuller), Rosacrucismo, cuyo origen proviene
del gnosticismo en el primer siglo y creció para este tiempo; creado por
Simón el Mago (Hch 8:9), según: Éliphas Lévi y Albert Pike, Gran Maestre
33°, de la Masonería-Esotérica, en su libro: “Morales y Dogmas”, el
Movimiento de la Nueva Era (Alice Bailey), la Sociedad Fabiana (George
Bernard Shaw), más tarde, etc….
He citado solo estos ejemplos por falta de espacio, y lamento no explicar
en detalle todas estas ideologías y religiones con prácticas ocultistas.
Ahora bien, no podemos ignorar que el Pentecostalismo (William J.
Seymour; Azusa 1913), —hoy contaminado—, también surgió como
respuesta a estas prácticas y obras satánicas.
Volviendo, con el Adventismo en el contexto religioso, el 1844 es célebre
por el movimiento liderado por William Miller, cuya interpretación de la
profecía bíblica llevó a la creencia de que Cristo “regresaría” ese año.
Sin embargo, el no cumplimiento de esta predicción resultó en el evento
conocido como el “Gran Chasco”, causando desilusión entre sus
seguidores.
A pesar de este fracaso, el movimiento encontró renovación espiritual y
teológica dando origen a la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Los Adventistas reinterpretan las profecías y sostienen en el libro “El
Conflicto de Los Siglos”: que en 1844 comenzó la purificación del
“Santuario Celestial”, pasando Cristo del lugar “Santo al lugar
Santísimo”,- fundamentada en el libro de Daniel (Daniel 8:14).
Este proceso evoca un juicio previo al regreso de Cristo, fortaleciendo la
fe y la esperanza en medio de la adversidad.
Juan Pablo Duarte y la Independencia
En cambio, en el Caribe, el 27 de febrero de 1844 fue testigo del
nacimiento de la República Dominicana. Tras años de dominación haitiana
(1822-44), Juan Pablo Duarte y la Sociedad Secreta La Trinitaria lideraron
una revolución para liberar al pueblo dominicano. Inspirado en ideales
cristianos y republicanos, Duarte consideraba la independencia no solo
como un acto político, sino como un compromiso moral y espiritual.
La Cruz y la Biblia, símbolos centrales de la bandera dominicana, reflejan
esta cosmovisión. Para Duarte, la cruz representaba el sacrificio y la
redención, mientras que la Biblia era la máxima autoridad de verdad y
justicia.
La lucha por la libertad fue también una resistencia espiritual frente a un
régimen que, en su percepción, promovía prácticas alejadas de los
principios divinos.
Lucha espiritual y resistencia
Tanto los adventistas y cristianos, como los dominicanos enfrentaron la
adversidad con una profunda convicción espiritual.
Los cristianos y adventistas, perseguidos en espacios distintos por sus
creencias y, desafiados por las influencias heréticas, defendieron su fe
basada en la Escritura. De igual forma, los dominicanos resistieron no solo
la opresión política, sino también lo que consideraban una batalla contra
la corrupción moral y la influencia de prácticas ocultistas en lo espiritual y
cultural.
Duarte reconoció esta dimensión espiritual del conflicto. Su firme decisión
de integrar la cruz y la Biblia en los emblemas nacionales fue un acto de
resistencia simbólica, proclamando la victoria de la verdad y la luz sobre
las tinieblas.